Aportaciones de la atención plena – mindfulness a la terapia integradora

Nuestro estilo de vida actual supone una vivencia de nuestro día a día con mucha actividad mental dedicada a pensamientos rumiativos sobre el pasado o el futuro, con poca atención al momento presente. Con frecuencia estamos sumergidos en juicios, en imposiciones (los debería), etc.; lo que nos dificulta vivir de una forma abierta, a descubrir y entregarnos al aquí y ahora de nuestra propia vida con su propia intensidad y su  verdadero sabor. Centrarse en el desarrollo del crecimiento personal es cada vez más importante.

Para mirar más allá no se trataría de negar o intentar combatir nuestros pensamiento y juicios, sino de que no nos perdamos en un laberinto de ideas recurrentes que nos dominan, que nos llevarían  a convertirnos en una especie de “robots autómatas” que no escuchan sus emociones y sus auténticas necesidades. Esta situación nos generaría, en muchas ocasiones, estrés y ansiedad que a modo de una señal de emergencia nos pueden querer decir “¡PARA! ¡ESCÚCHATE!”

Para superar este tipo de situaciones tenemos como opción el entrenamiento y la práctica del mindfulness que es un método que puede ayudar a descubrir en lo ordinario del día a día lo extraordinario.

Mindfulness es algo así como una propuesta para dejar el estado de “piloto automático” o de desactivar nuestro modo “robot”. Su práctica facilita el abrirnos a la experiencia y a la vida de una forma más consciente: “abrazando” el momento presente y dejando que las cosas fluyan en el aquí y ahora.

Además, el mindfulness es una técnica que puede aportar a diversos enfoques de psicoterapia una línea de trabajo adicional que incide en nuestra conducta, pensamientos, emociones,  ayudando a “labrar la tierra” para abrirnos a la dimensión espiritual.

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¿Cómo funciona el entrenamiento en mindfulness?

Imaginemos que llevamos puestas unas gafas, a través de las que percibimos la realidad. Éstas serían de un color determinado (influido por nuestro estado de ánimo), o los cristales estarían algo sucios (quizás por nuestros esquemas cognitivos que funcionan de modo automático). Según lo que haya en el cristal o la naturaleza del mismo, nuestra percepción se podría ver interferida y cambiada.

Ante esta situación el mindfulnes puede ayudarnos a darnos cuenta de que llevamos unas gafas y  a desarrollar una consciencia testigo o del observador, pues posibilitar que se desarrolle un espacio de mayor libertad interior, al hacernos conscientes de nuestras gafas y de nuestra forma de mirar. Lo que de por sí es un gran paso, pues nos permite tomar distancia de dichas gafas para ver con más claridad y llegar a tener una mayor consciencia.

Esta toma de conciencia que permite trascender nuestra mirada se puede entrenar con la práctica de la atención plena. Nos daremos cuenta  de que “llevamos las gafas” y de que nuestro punto de vista está constituido o influenciado por las mismas. Es decir por nuestros pensamientos y emociones automatizados que no son la realidad en sí, sino el resultado de nuestras vivencias, recuerdos, aprendizajes, condicionamientos, miedos, estados de ánimo subjetivos, etc. Nuestras mentes y estados internos muchas veces actúan de este modo, dificultándonos el estar abiertos a la experiencia del momento presente.

¡Qué importante trascender el cristal de nuestras gafas para poder ver más allá del prejuicio, el análisis o estado emocional concreto, que pueden resultarnos muchas veces limitantes!

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¿Qué nos puede aportar mindfulness?

El entrenamiento en mindfulness permite por un lado ir generando un espacio de toma de consciencia y, a su vez, ir desarrollando una mayor calma y serenidad, frente a los avatares de la vida. Todo ello nos facilitará el  abrirnos al momento presente fluyendo y experimentando nuestras emociones y pensamientos como pasajeros, desde una actitud de apertura y aceptación.

A través de la toma de consciencia podemos ir sintiendo mayor libertad allí donde estemos. Por ejemplo, mediante la respiración consciente nos iríamos centrando y conectándonos más con nosotros mismos y, desde ese espacio sagrado, comportarnos.

Quizás así podremos estar y actuar desde una elección más consciente, con más paz, armonía, etc.,  abriéndonos más a la experiencia sin interferir a lo que puede haber, de forma potencial, en nosotros. Es posible que así podamos ir aceptando y gestionando nuestras emociones, escuchándolas y teniéndolas en cuenta; sin convertirnos en autómatas reactivos.

La práctica de mindfulness también puede posibilitar una mayor claridad mental, un aumento en nuestro rendimiento y un desarrollo de nuestra capacidad de pensamiento intuitivo y creativo.

A través de la práctica de la atención plena, podemos cultivar cierto estado de serenidad, que nos puede aportar más autonomía y libertad.

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¿Es posible integrar el entrenamiento mindfulness en una terapia?                          

El incluir en una terapia integradora el entrenamiento en mindfulness, nos puede servir para trascender una perspectiva concreta, mirando más allá de las “gafas” de nuestro propio enfoque y abrirnos a diversas posibilidades, así como a lo que el mindfulness nos puede aportar para ampliar nuestra perspectiva.

Como hemos comentado, en ciertos casos el mindfulness puede practicarse independientemente de una psicoterapia, lo que puede aportar una mayor integración entre el cuerpo, las emociones y los pensamientos, pudiendo también aportar mayor paz y bienestar al mundo interior y a las vidas de las personas.

En otros casos es posible que el entrenamiento en mindfulness sea tan sólo un complemento más de la psicoterapia -no siendo empleado en exclusiva- pues puede ser preciso hacer un proceso terapéutico previamente o simultáneamente, al darse problemas que el mindfulness no resuelve por sí solo, aunque pueda ayudar, como complemento, a superarlos.

Según mi experiencia me encuentro, algunas veces, con personas que acuden interesadas en la práctica de mindfulness para conseguir resultados rápidos, que no son posibles. Pues estas personas más bien necesitan hacer un proceso de integración vital y de superación-liberación, por ejemplo de  “heridas” pasadas que siguen haciendo eco en su presente. Este tipo de situaciones requieren acompañamiento terapéutico y las intervenciones propias de una psicoterapia. No basta sólo con hacer mindfulness, que incluso, en ciertos momentos o casos puede estar contraindicado.

A modo de conclusión puedo afirmar que el mindfulness, utilizado de forma aislada puede ayudarnos en muchos casos como una técnica para mejorar nuestra calidad de vida y gestionar mejor nuestras emociones (logrando mayor equilibrio cuerpo-mente-emociones) y en otros casos ser el complemento de una psicoterapia, en el caso de que el psicoterapeuta que lleva al paciente considere que está indicado. Cuando actúa como complemento de una psicoterapia, puede aportar aspectos que quizás no se trabajen desde esa psicoterapia en particular, ampliando así la perspectiva y las posibilidades de trabajo interior de la persona que está haciendo un proceso.