▷Cuando desconectamos nuestras emociones: cuídate más

Hay muchas emociones que tendemos a juzgar y que no nos permitimos sentir. Otras, que por el contrario, nos forzamos en tener y tendemos a fingirlas.

En fin, la relación con nuestras emociones tiende a estar intermediada por nuestras creencias o nuestra percepción de comodidad/incomodidad con ellas.

También, nuestra imagen ideal de nosotros, hace que forcemos y roboticemos nuestras emociones.

A la larga, podemos sentirnos marionetas de nosotros mismos, moviéndonos en una franja limitada de nuestro mundo emocional y por lo tanto limitando nuestra vida.

Emociones: aprendiendo a cuidarlas

Un proceso de psicoterapia, nos permite atrevernos a bucear y conectar con nuestras emociones.

El terapeuta te facilita el no juicio y aceptación -desde la calma- de tus rincones que te asustan.

El proceso terapéutico, se trataría como de limpiar nuestra casa.

A veces: reorganizamos, cambiamos cosas de lugar, limpiamos, abrimos ventanas…

De ese modo, nuestro presente y nuestra vida puede fluir de una forma más sana. Integrando nuestra identidad: raíces y pasado vivido, desde la limpieza, a lo nuevo por entrar.

Emociones: Mi relación conmigo

¿Tienes emociones encapsuladas?

¿Momentos congelados?

¿Lugares olvidados?

¿Rincones desordenados?

Tendemos a creer, que escondiendo el polvo debajo de la alfombra, va a parecer que todo está bien.

Y, la realidad es que si aprendemos a esconder nuestras emociones, estas nos devoran desde dentro. Aumentando el problema.

Como una planta, necesitamos cuidado y atención: sol y agua, una tierra firme con nutrientes.

El sol representaría el cobijo, la aceptación, el reconocimiento. El agua la intención de crecer y la esperanza. La tierra el sostén y equilibrio en tus actividades y vida material.

Sí que tenemos necesidades, y sobre todo de cuidar de nosotros mismos.

Trabajo emocional: mi brújula

Para poder identificar qué necesitamos y qué queremos es importante que identifiquemos nuestras emociones.

Todas nos traen un mensaje y son valiosas, aunque a veces impliquen dolor… también traen fuerza e invitan a tomar acción, y movilizan el cambio.

La tristeza y el enfado, el dolor, nos informan de que algo: nos duele, nos daña, y que necesitamos cuidarnos, respetarnos o poner límites.

Si hemos aprendido que esas emociones nos hacen ser débiles y que no podemos sentirlas, tendemos a reprimirlas.

En ese caso no podremos identificar nuestras necesidades y cuándo las relaciones/situaciones nos afectan.

Todas tus emociones son fruto de la naturaleza, y tienen una función en sí misma en pro de nuestra supervivencia.

Incluso la depresión se trataría de una tendencia a la hibernación, como los ositos en invierno, para prepararse y cuidarse del frio. Recargándose así para la primavera.

Se trataría de un movimiento que nos lleva a reflexión. Estar hacia adentro. Para asimilar aquello que: no nos aporta, aprender, salir fortalecidos y avanzar seguidamente.

Emociones:Reparando el daño

Si tendemos a juzgar nuestra tristeza, y no hacemos un trabajo de reflexión, aprendizaje y de cuidado interior… tiende a aumentar y entonces sí se convierte en patológico y no productivo.

Pero, en sí la tristeza e incluso la depresión, se trataría de un proceso natural. Que invita a ir hacia adentro, para estar con nosotros mismos y cuidar la herida, replantearnos y recargarnos… para luego tomar acción, saliendo fortalecidos.

Si la naturaleza no nos dotara de esa opción, de parar, reflexionar, cuestionarnos e ir hacia adentro, no podríamos evolucionar y probar nuevas estrategias.

El dolor y la tristeza nos enseñan y nos informan de qué nos daña.

En el caso de situaciones traumáticas, se produce un congelamiento de esas emociones. Y, el tratamiento consistiría -en un contexto de seguridad- poder gradualmente entre sesiones reprocesar lo vivido.

Pudiendo reconocer y liberar esas emociones congeladas. Para que no se re-asocien a situaciones que nos recuerden a lo vivido.

De nuevo, la metáfora de limpiar el polvo: aprendiendo, cuidándonos y creciendo en el proceso.

Pudiendo adquirir estrategias de control y seguridad.

De qué poder hacer o cómo evitar los riesgos ante situaciones potenciales similares.

Cómo identificar señales de alerta, que nos informen de peligros. Evaluar qué parte depende de nosotros y cómo podemos protegernos. Identificando, gracias a las experiencias vividas, posibles peligros futuros.

Emociones en terapia

Este tipo de estrategias, también las realizan los animales para su supervivencia, van aprendiendo según ensayo-error, por modelado unos de otros e incluso genéticamente se transmite información sobre experiencias recolectadas que son útiles instintivamente para la supervivencia y seguridad de esa especie.

Nosotros también tenemos esa capacidad.

Y, a nivel emocional, estamos dotados de una infinidad de matices.

Que puede llevar a perdernos, porque muchas veces se activan emociones que no tocan según lo que hayamos vivido previamente.

Es por ello, que hacer un proceso de terapia puede ayudar a favorecer tu calidad de vida, tener más claridad en tus emociones y limpiar tu hogar interior.

Ya que, te permite integrar tu historia vital, de experiencias previas y soltar nudos que hayan quedado enquistados y tiendan a activarse en piloto automático limitando tu vida.

Invertir en ti, es invertir en tu salud y cuidar tus emociones es fundamental.

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