Educar desde el corazón

Sí, ¡ya sé que suena cursi!

Pero es super necesario que en la educación haya los ingredientes de: la empatía, el reconocimiento incondicional y la libertad.

De este modo se facilita unas condiciones en las que el crecimiento de las personas es para su beneficio y desde su reconocimiento. Por quienes son; apostando por su creatividad y singularidad propia.

Si creemos que todo es posible y que todos podemos aportar desde nuestra naturaleza propia, cosas maravillosas pueden suceder.

Podemos, a la larga, generar que en estos contextos educativos las personas sean más felices, más productivas y que creen ideas/proyectos nuevos.

Saliendo así de lo conocido y lo impuesto desde fuera, para poder tener una vida significativa desde el corazón.

Los hijos y la educación:

Sin darnos cuenta, cuando tenemos un hijo/a, todos nuestros sueños frustrados o ilusiones propias, las proyectamos en ellos.

Sin saberlo, esperamos y ¨exigimos¨ que nuestros hijos hagan aquellas cosas que: no nos atrevimos, que no pudimos o que no creímos ser capaces.

También, todas nuestras inseguridades y creencias destructivas (muchas no reconocidas) las volcaremos en nuestros hijos.

Los muy tristes e injustos, pero a veces reales: “eres tonto”, “no sirves para nada”, “eres un vago”, “eres inútil”, “no vas a conseguir nada”, “siempre igual”…

Este tipo de mensajes, muchas veces, hablan de frustraciones y actitudes destructivas de los padres consigo mismos -que proyectan en sus pequeños.

Educar desde el corazón, sería hacer un trabajo de madurez personal, separando tu persona y tus deseos, de tus hijos.

Entendiendo que tú eres un referente, pero que ellos ya traen semillas y naturaleza propia, que es importante reconocer y cuidar.

Transmitiéndoles confianza, sostén y reconocimiento por quienes son.

Confiando en la vida, la naturaleza y su dignidad y belleza por quienes son.

Sólo desde un espacio de confianza y amor, se puede uno transformar aprender y modular comportamientos.

Es importante entender que las estrategias de modulación de conducta, como el adiestramiento animal etc, a través del refuerzo/castigo.. tienen un margen de actuación limitada en las personas; y más cuando hablamos de algo tan básico como el agua, que es el amor y reconocimiento de nuestros padres.

Cómo educar desde el corazón:

Primero se ha de diferenciar el comportamiento de nuestros hijos, del amor a nuestros hijos.

Es algo que en las educaciones más tradicionales se ha tendido a descuidar, cayendo en la frialdad, el abuso de la autoridad y la desconexión emocional.

Si los niños no se sienten queridos y reconocidos por quienes son, deseados y amados, dignos de respeto y estima; no van a tener la confianza necesaria para implicarse y progresar en sus vidas en pro de su felicidad y la de otros.

Detrás de muchos niños “malos” “desadaptados” “rebeldes” “problemáticos”, se esconden niños no reconocidos, entendidos, respetados, escuchados, tenidos en cuenta….

El inconsciente busca la forma de reclamar y dar señales de alarma, ante lo que realmente necesita un niño, ser educado desde el corazón.

Ideas para educar desde el corazón:

Lo que se puede hacer, sobre todo, es buscar pasar tiempo de calidad con nuestros hijos.

Proponernos conocerles, llegar a ellos, generar confianza y reciprocidad en el afecto.

De este modo, ellos van a poder sentirse reconocidos, tenidos en cuenta, amados…y por lo tanto, más seguros de sí mismos y de sus capacidades/posibilidades.

Después es conveniente ser un ejemplo de aquello que nos gustaría de ellos -trabajar como padres en nuestro equilibrio emocional a la hora de expresarnos.

Y tener una rutina o estilo de vida, que pueda marcar e inspirar a nuestros pequeños.

¡Una cosa no quita la otra!, que eduquemos desde el corazón, no quiere decir que no trabajemos duro con los pies en la tierra, con unas normas y límites que generan también predicción, seguridad y contención.

Es importante también implicar a los niños según sus capacidades en las tareas comunes, favoreciendo su colaboración y autoestima -tareas pequeñas del hogar y pequeñas responsabilidades.

Todos aquellos beneficios que obtienen y su estilo de vida, es importante que se asocie también a ir asumiendo responsabilidades cada vez mayores en función de su edad.

Conocerse a sí mismo para abrir el corazón:

Lo más importante es el diálogo interno.

¿Cómo puedo ser más feliz?

¿Qué actividades me motivan?

¿Qué hobbies he descuidado?

¿Cómo puedo estructurar mi vida para cuidarme mejor: mi espacio, mi dieta, mi tiempo de calidad…?

¿Dedico poco tiempo al afecto y las relaciones cercanas, cómo puedo reconocer la importancia de disfrutar de esos pequeños momentos?

¿Cómo puedo comprobar y retarme para tener más amor en mi vida, mis relaciones y también darlo?

¿Qué barreras tengo con respecto a mí mismo?

¿Qué educación he recibido: cómo puedo entender la historia de mis padres y proponerme actuar desde una mejor versión?

¿Cómo puedo cuidarme y darme todo aquello que busco en otros, primero a mí mismo, como forma de madurez y responsabilidad?

¿Qué cosas admiro de mí, qué cosas juzgo y no me permito?

¿Qué me hace especial, qué cosas ¨raras¨ me interesan y me son propias?

¿Tengo curiosidad hacia mí mismo, mis propios anhelos e intereses?

¿Cómo puedo llevar todo esto a mi relación con los demás: favoreciendo la escucha, reconocimiento y apertura?

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