▷Emociones negativas, aprendiendo a CRECER

Todas las emociones colaboran para nuestra salud y armonía, son indicadores y nos movilizan con su energía para poder adaptarnos al contexto.

Hay emociones que podemos rechazar o que nos resultan desagradables: incómodas o socialmente rechazadas. Eso no quita que todas tengan su función movilizadora y de toma de consciencia -sobre nosotros, nuestras necesidades y de cómo afrontar/digerir una situación o vivencia personal.

La rabia nos permite energetizarnos, accionar, impulsarnos y marcar nuestros límites.

La tristeza nos lleva al autocuidado, recogimiento, reflexión, parar, descansar y reflexionar, así como a alejarnos y cuidarnos.

La alegría nos conecta con la apertura, la entrega y la comunión, aunque si es forzada y fingida puede conducirnos al desgaste el agotamiento y la frialdad.

La sorpresa nos conecta con lo nuevo, activa nuestros sentidos y nos hace vivir con más intensidad.

Emociones y salud integral:

Nuestro cuerpo tiene como diferentes filtros, que vamos activando o que se van activando en nosotros de forma natural. Podemos bloquearlos, reprimirlos o usarlos bajo el control de nuestro ego. Ahí, es donde pueden empezar a resultar desadaptativos.

También, hay nudos emocionales por vivencias y asociaciones previas relacionadas con recuerdos -que bloquean nuestra fluidez emocional. Aunque el presente y las relaciones de amor, son una bella oportunidad de sanar y limpiar nuestros bloqueos heredados.

¿Qué esperas de ti? ¿Hay emociones que no te permites?

¿Tiendes a fingir o dar más importancia a algunas emociones que juzgas como mejores?

¿Te incomoda tu parte nostálgica, protectora, o algún matiz de tu abanico emocional?

Aquello que reprimes, te devora por dentro. Y, esa demanda y grito emocional, suele derivar en comportamientos destructivos o compulsivos -para equilibrar o sostener esa tensión: abusos de sustancias, malos tratos a otros o a uno mismo, comportamientos ansiosos y adicciones emocionales, etc.

Emociones y equilibrio interior/exterior:

Aprender a reconocer nuestras emociones, sin juicio -con aceptación y honrando el ser humano que somos- nos conduce a una vida y relaciones más equilibrada y armoniosa.

Lo que niegas y no te permites escuchar, grita desde tu interior, buscando la salida más insospechada, transformándose en síntomas de diferentes tipos: dolores, adicciones…

Nuestro sistema emocional energético, es un sistema interrelacionado: con nuestro cuerpo, sistema inmune y nuestra vida y relaciones en las diferentes áreas.

Aquello que escondes, sale por otro lado. La valentía y el éxito no pasa por estar siempre bien, sino por reconocer y sostenernos a nosotros mismos, acogiendo todas nuestras emociones.

Es nuestra vulnerabilidad, la que nos hace humildes y donde reside nuestra fuerza y capacidad de amar. Aportando desde nuestra mejor versión, nuestra parte humana sagrada, más allá de estructuras rígidas e intentos de perfección.

Sólo fluyendo en nuestro mundo emocional, sólo reconociendo todas nuestras partes, podemos ser más libres y empoderados.

Mejorando nuestra relación con nosotros mismos.

Y, desde ahí, pudiendo empatizar y fluir también con las demás personas. Generando en ellos ese espacio de: libertad, fluidez y reconocimiento.

Emociones y respeto:

El respeto es un gran ingrediente para la libertad, y la libertad lo es para el amor.

El respeto, implica el reconocimiento de todas nuestras voces: nuestras partes y nuestras emociones. Sólo así, nos reconectamos con nuestra humanidad, humildad y podemos resonar con nuestra alma.

No hay emociones negativas, sólo máscaras o ideas ficticias de cómo nuestras vidas deberían de ser según unos cánones.

Anuncios o medios de comunicación masivos. La realidad, es que todos fluctuamos: todos recorremos y pasamos por estaciones emocionales.

Y a más reconocimiento, más fluidez, más felicidad y satisfacción con la danza de la vida.

Ejercicios emocionales:

Para aprender a escuchar tus emociones, es recomendable pasear tranquilamente en algún lugar en la naturaleza; también puedes meditar, escribir de forma creativa o reflexiva. Puedes dibujar libre a modo arteterapia cómo te sientes, o escuchar tu cuerpo las tensiones, dolores o presiones…

Sólo con escuchar y reconocer, las emociones como las olas tienen su ciclo de máximo pico -reconocimiento/escucha- y cierre de la Gestalt. Cuando una emoción es escuchada e integrada su energía -como una energía útil y que trae información para esa vivencia y momento- la emoción cumple su función y se relaja, se diluye.

En cambio, si es rechazada/bloqueada, se resiste y coge más fuerza.

Es lo que suele darse en un ataque de ansiedad, la persona se alarma ante el comienzo, lo rechaza y genera que la emoción aumente.

El miedo a nuestras emociones, genera más miedo, más ansiedad.

Creamos más dolor, por resistirnos al dolor.

Cuando hay dolores que liberan, nos ayudan a abrir el corazón, a ser más humanos y a cuidarnos.

Aprender a mirar nuestro dolor, es aprender a abrir nuestra puerta de autoconocimiento, de nuestra fuerza.

El dolor, se transforma en amor y en fortaleza, te recarga de coraje para cuidarte y avanzar en tu vida hacia nuevos rumbos o necesidades vitales.

Tu dolor te informa, te guía y te alerta, para parar, para cambiar, para empoderarte.

Emociones y salud:

Para, escúchate, atiéndete…reconoce tu sed de calma y reconocimiento. Sólo así puedes cultivar una relación sana contigo mismo, y desde ahí a todos los seres.

Las emociones, fluyen como un río. Pero el testigo amoroso, ese espacio de aceptación y sostén -es donde reside nuestro trono y la libertad.

La mirada de aceptación, es la mirada de amor -que nos conduce a la autoestima y realización personales.

La historia de las emociones negativas que nos han contado nos puede recordar al patito feo, aquello que negamos por costumbre o por juicio, si no es integrado se resiente.

El patito negro, tiene otros matices y otra belleza particular.

Eso mismo podemos descubrir si nos adentramos en nuestro dolor: sosteniendo el dolor, encontramos: amor, fuerza, coraje y muchas veces a nuestra voz interior, nuestra sabiduría y guía.

Es importante tener activado el dolor, y la alegría-satisfacción, como el norte y el sur, que nos van guiando por la vida, si la tenemos congelada NO PODEMOS ORIENTARNOS con claridad.

“El dolor es nuestro aliado, nos informa, nos alerta y nos guía hacia nuestros anhelos y necesidades; también nos informa de qué nos daña y de qué alejarnos y poner límites.”

Poder tener todos los matices, te ayuda a poder disfrutar de la vida con toda su intensidad, al igual que los sabores: dulce, salado, agrio…

En la variedad y las diferencias, reside: la belleza, la pasión por la vida y su capacidad de sorprendernos. Siempre invitándonos a seguir: aprendiendo, viviendo y escuchándonos; danzando con nosotros, con los demás y el mundo.