Miedo al rechazo: creciendo en amor y responsabilidad

Cómo superar el miedo al rechazo? Lo primero es darnos cuenta de que la seguridad no nos la pueden dar desde fuera, ya que esto generaría dependencia y variabilidad, nos convertiríamos en marionetas o peleles que actuamos según el público y lo que otros esperan.

La seguridad realmente está en estar en sintonía contigo mismo: con tus valores, tus emociones y tus tendencias naturales; respetándote a ti y a los demás, pudiendo no gustar e incluso pudiendo decir que NO a las demandas o a lo que a los demás les parece lo correcto.

Chantaje en el miedo al rechazo:

¿Te ha pasado alguna vez que te sientas atrapado entre lo que personas importantes para ti quieren que hagas y lo que tú quieres hacer? Se llama chantaje emocional, puede suceder inconscientemente y suele conducirnos a la duda y el desequilibrio emocional.

Si cedemos al chantaje, aunque en el momento pueda parecer agradable a la larga volverá el efecto de ello invitándonos a por fin tomar responsabilidad, y mirar ese problema de frente.

Las cosas externas son reflejo de patrones internos.

Es importante ver los conflictos externos como oportunidades de trabajarte a ti mismo y responsabilizarte cada vez más con tu vida y las relaciones que deseas mantener.

El miedo al rechazo y la pertenencia:

Hay una parte biológica-instintiva de ese miedo al rechazo, que parte del miedo a la supervivencia sin el grupo.

Esto se utiliza mucho en manipulación política: el miedo a responsabilizarnos y pensar por nosotros mismos. Se nos genera continuamente problemas y sensaciones de peligro para que busquemos refugio en el grupo. Adoptando posturas irreflexiblas y consensuadas por la mayoría (no críticos, de masa). Todo ello motivado por buscar protección e identidad grupal, no tanto porque lo hayamos reflexionado haciendo uso de nuestra libertad.

El principal ingrediente para superar el miedo al rechazo, es reconectar con nuestra soledad como espacio de libertad, como espacio de dignidad, autodominio y autoexploración. Para desde esa paz y espacio de reflexión, poder crear un proyecto útil y tener relaciones más conscientes.

En este sentido un libro brillante, y de hecho mi libro preferido, es la obra de Erich Fromm titulada “El miedo a la libertad”.

Este libro nos habla de como la libertad puede aterrarnos ya que implica sostener nuestra soledad y hacer uso de nuestra responsabilidad de forma individual, lo que conlleva un autodominio y alejarnos de la seguridad grupal -aunque sea para poder pensar por nosotros mismos.

La verdadera libertad, según estos planteamientos, requiere: coraje, disciplina, cuestionamiento y responsabilidad.

Nada tiene que ver con la idea de libertad como de: dejarnos llevar, vivir el momento con intensidad o estar acumulando y buscando “chutes” de experiencias positivas sin digerir y sin esfuerzo.

Miedo al rechazo y autoamor:

Por otro lado, la autoexigencia puede llevarnos a que los que nos rechacemos seamos nosotros mismos.

Aquí, un buen ingrediente sería el sentido del humor y la humildad.

Poder ver tus zonas oscuras, tus partes más rígidas flexibilizándolas, pudiéndolas ver con perspectiva y por ello con más libertad.

Conviviendo con todas tus partes, fluyendo, queriéndote a ti mismo desde un centro de amor y reconocimiento; para desde ahí poder llevarlo a tus relaciones.

Reconocer: tu enfado, tu tristeza, tu vulnerabilidad; poder mirar y acoger tu perfeccionismo, tu crítica interior y tus comparaciones con otros… Entendiendo que, como ser humano, somos complejos y dignos de amor.

Para ello, de nuevo recordar la importancia del humor con nosotros mismos, la flexibilidad y el poder entender que nuestras partes más duras, pueden conducirnos a ser más humanos, imperfectos y humildes.

Ejercicios miedo al rechazo:

Aprender a calmarte, a sostenerte, a meditar cuidando tu cuerpo-mente-espíritu… es una propuesta que suele ayudar en este camino.

También buscar pequeños rituales que puedas añadir a tu día a día. Como momentos de autocuidado y escucha interna: una bebida caliente, una paseo por tal lugar, una ducha consciente… Cada uno podemos elegir qué momentos y de qué forma podemos cuidarnos a nosotros mismos.

Mejorando y cuidando también esa relación tan íntima y cercana que es con nuestra propia persona. Desde ahí vamos luego a poder estar más receptivos y en un estado de mayor equilibrio para llevar a otros contextos y relaciones.

¿Y tú? ¿Qué partes de ti rechazas? Qué intereses, hobbies o deseos ocultos tienes pendientes por cuidar y dar lugar en tu vida? Qué partes de ti pueden resultar especiales o de utilidad para otros que puedes estar escondiendo? Qué compromisos puedes hacer contigo mismo para que tu vida pueda dejar huella en otras personas y en tu entorno?

Todos tenemos vías de aportar y comunicar a otros, es importante que reconectes con la tuya.

Igual que las plantas necesitan agua, luz solar y son susceptibles a las palabras e intensiones de las personas; tú también te ves influido por cómo te tratas a ti mismo. Y si te comprometes a cuidarte podrás crecer, florecer y aportar más a la belleza y armonía de la creación.

Tienes derecho y eres necesario, formas parte de la sinfonía, ¿lo sientes?

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