Ponerse en los zapatos del otro

Habitualmente sólo desde nuestra experiencia podemos conectar, interpretar, entender…lo que el otro nos cuenta. Esto suele llevar a malos entendidos, sensaciones de desconexión, juzgar al otro sin darnos cuenta…en definitiva, no ver al otro, sino proyectar en él nuestra propia película.

En terapia rogeriana, centrada en la persona, se dedica mucho tiempo en la preparación de los terapeutas en el entrenamiento en la escucha.

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La escucha requiere un poder entrar en el no-saber, estar cómodos con el silencio y entrenar en nosotros una inquietud por viajar a través del otro hacia lugares y experiencias desconocidas -ya que la verdadera escucha te lleva a convertirte en un testigo del otro, captar sus vivencias y sus emociones, siendo compañero de viaje, gran testigo de su intimidad.

No es fácil trabajar la escucha consciente, requiere mucho trabajo personal para poder conocer tu propio marco personal -según tus experiencias, vivencias, valores, educación y nudos emocionales por resolver, que tienden a activarse y sesgarnos. Una vez que vas conociendo tu propio marco personal, puedes comenzar a ver más allá de él pudiendo entrar en el estado un tanto zen de vacío, cierta neutralidad o actitud de no-saber.

Esta experiencia facilita que la persona se sienta completamente tenida en cuenta, reconocida y, lo más importante, no juzgada.

Entender al otro y empatizar

Nuestro cuerpo, por resonancia, puede informarnos sobre aspectos del otro y sobre nosotros mismos.

Mientras más sintonizados estemos según nuestro trabajo personal, podremos captar estos mensajes emocionales a través de nuestra corporalidad. Resonando y sintiendo la sintonía, como la caja de la guitarra, cuando estamos escuchando al otro más allá de sus palabras.

Este punto es bien complejo, porque entraría lo que tradicionalmente se entiende en psicoterapia por transferencia-contratransferencia.

El otro, moviliza en nosotros un cúmulo de sensaciones, tendencias y roles compensatorios, según su estado y sus vivencias.

Nosotros, como caja de resonancia, según si estamos mejor o peor afinados, podremos vibrar con el otro y captarle o caer en enredos.  

Enredos a nivel inconsciente, emocional y cognitivo -según lo que el otro espera acorde a sus carencias, y según lo que a nosotros se nos active dependiendo de nuestra propia historia vital y carencias personales.

De ahí la importancia del equilibrio y del autoconocimiento para la escucha del otro. Antes es previa la escucha de sí, el conocimiento de nuestras propias tendencias y carencias (o al menos la disposición a la auto-observación) para acogerlas, reconocerlas y poder desarrollar un estado de ser desde la neutralidad, armonía y paz interior. Desde ahí predomina la fluidez y el amor, el reconocimiento, pudiendo reconocerte a ti y al otro, desde el cultivo de las actitudes de no-saber, no-juicio y la paz; reconociendo y generando paz hacia el otro.

Escucha del otro y complementariedad

En psicoterapia se trabaja también desde la propia relación entre terapeuta-cliente, como una relación que en sí se convierte en sanadora, ya que facilita el trabajo del vínculo y del apego.

El cliente va proyectando en el terapeuta sus carencias y por lo tanto va buscando inconscientemente que el terapeuta vaya asumiendo diferentes roles complementarios, es importante que el terapeuta pueda entrar en este baile utilizándolo a consciencia a favor del cliente y de su proceso.

Muchas veces resonará con él, y entrará en roles complementarios para que la persona pueda reparar aquello que necesite y se le active -aquí es de suma importancia que el terapeuta no genere dependencia y no adopte posiciones de aprovechamiento del rol de poder que tiende a darle el cliente.

Escucha del otro como oportunidad de trascendencia

En ese puente de querer conocer y escuchar al otro, podemos encontrar esa transitoriedad en el discurso y a la vez una presencia y luminosidad como una constante. En la mirada a la inmensidad que somos, y la apertura desde el corazón a corazón es donde podemos reconocernos a lo que verdaderamente somos -buscadores y partes de un todo, contenedores de una chispa divina que se alimenta y se encuentra a sí misma mediante la experiencia del amor y del reconocimiento.

¨El amor es una acción cósmica. Para quien habita en el amor y contempla en el amor, los hombres se liberan de todo lo que los mezcla a la confusión universal; buenos y malvados, sabios y necios, bellos y feos, todos, uno después de otro, se tornan reales a sus ojos, se tornan otros tantos Tú, esto es, seres liberados, determinados, únicos; los ve a cada uno cara a cara. De una manera maravillosa surge de vez en cuando una presencia exclusiva. Entonces puedo ayudar, curar, educar, elevar, liberar. El amor es la responsabilidad de un Yo por un Tú.¨

Martin Büber